Mirar al cielo

Siempre me gusta mirar el amanecer o el atardecer.

Solía ver el amanecer cuando trabajaba turno noche y regresaba en el tren. El sol iba asomando de a poco hasta estar casi en lo alto al llegar a mi destino. Ahora, lo veo desde el bus al ir a trabajar (ya que cambie a turno diurno) y ocultarse detrás del río al regresar a casa.

Otra cosa que suelo hacer es observar la luna en sus diferentes fases. ¡Obviamente, la que mas me atrae el la Luna Llena!

Pero hay algo que no siempre solemos hacer las personas en nuestro diario vivir y es observar el cielo. ¡Si, leíste bien, el cielo! ¿Se han puesto a pensar en que cada atardecer el una nueva obra de arte que nos regala el Universo?

Hoy por ejemplo, el cielo estaba casi oscuro pero mantenía un vestigio de sol en el horizonte. Una franja amarillo dorado continuaba brillando como no queriéndose ir. Arriba a la izquierda, era una perfecta pincelada color purpura y debajo de esta, otra en tonos naranja mas oscuro. Rodeado todo esto por la tela de la pintura completa que era un azul oscuro intenso.

Mas allá de la creencia de quien este leyendo esto, era como si Dios estuviera con su paleta de pintor haciendo esas pinceladas y creando la mas perfecta obra de arte para finalizar el día. ¡Un día más de vida, por cierto!

En otras ocasiones, sobre todo cuando en mis días libres voy al parque y me recuesto sobre el césped recién cortado, ahí me gusta observar las nubes. Sus tamaños, la intensidad de su blancura… incluso, como solíamos hacer de pequeños, tratar de descubrir alguna forma u objeto. Y, nuevamente, ver como se combinan con el fondo de la “tela” que es el cielo y los rayos de sol.

¡Y que hablar del firmamento y las estrellas brillando cual luces de neón! Y nuevamente, y recorriéndolas y, si por ahí las conoces un poco, descubrir donde se encuentran las constelaciones y, por qué no, estar atentos a ver si pasa una estrella fugaz y pedir un deseo.

Lo que suelo sentir ante tanta majestuosidad es lo pequeños que somos y cuánta belleza nos rodea y, muchas veces, por estar distraídos con nuestros celulares o algún problema que ronda en la cabeza, no la vemos. Cuan bendecidos somos y que paz que transmite hacer este ejercicio de por unos cinco o diez minutos, simplemente observar a ver con que obra de arte se despedirá el día.

Y vos, ¿cuánto hacer que no alzas tu vista al cielo?